Sobre las utopías

No comments

Decía Eduardo Galeano que la utopía sirve para caminar. No obstante, el concepto de utopía no me parece adecuado para abordar cualquier cambio social, por profundo que sea. Confundir ficción con realidad, palabras con hechos, es algo que los humanos llevamos haciendo durante demasiado tiempo, y no creo que debamos seguir por ahí.

Ser realista no significa moderarse o ser conformista. Significa adoptar un marco de pensamiento óptimo para llevar a cabo el cambio que se pretende introducir. Y es que el problema de las utopías es que no tienen en cuenta la realidad. Idealizan, suponen unas condiciones óptimas que, o bien no existen, o de existir, son demasiado inestables como para mantener nada a largo plazo. Sobre el papel pueden sonar bien. Pero otra cosa es la realidad, claro.

Hace un par de semanas terminé de leer Historia de las utopías, de Lewis Mumford, y si bien hay algunas partes de cierta relevancia, me dejó una sensación agridulce. En primer lugar, constaté que el pensamiento utópico, que durante siglos y siglos orientó (y sigue orientando) las sociedades humanas, carece de lo necesario para pasar de las palabras bonitas a los hechos. Y con esto no estoy ignorando casos como el comunismo o el anarquismo, que han tenido fuertes implicaciones materiales en el mundo; si nos ponemos estrictos, todo cambio social en la historia estuvo motivado por algún tipo de utopía, lo cual no es de extrañar teniendo en cuenta cómo las sociedades humanas han girado siempre en torno a la ficción.

Creo que, desde hace bastante tiempo, el qué dejó de ser la principal cuestión que deben abordar aquellos que quieran cambiar el mundo. Se trata del cómo. ¿Automatización del trabajo para conseguir más tiempo y libertad? Nada nuevo. ¿Uso de la ciencia y la tecnología como sistema de valores? Nada nuevo. ¿Eliminación de la propiedad y acceso universal a los recursos y servicios? Nada nuevo. Todos podemos soñar, y es el primer paso para iniciar cualquier cambio, pero dar el siguiente requiere de un esfuerzo descomunal. Es bastante chocante cómo, al final, la única vía realista que les quedó a todos los que optaron por cambios sociales profundos, de los cuales gran parte aborrecían la violencia en la intimidad, fue la fuerza. Pero los sistemas sociales que emergieron tras la toma del poder distaron mucho de la utopía que motivó ese uso de la fuerza. No niego que se consiguieran cosas, por supuesto. Solo hago notar las grandes diferencias entre lo que uno cree y lo que ocurre realmente.

En segundo lugar, me decepcionó la poca creatividad que tuvieron los utopistas a la hora de imaginar mundos nuevos. Que no se me malinterprete: hubo auténticas novedades que cambiaron por completo el panorama, y motivaron a que los siguientes tuvieran más herramientas para imaginar y construir mundos aún mejores. A lo que me refiero con falta de creatividad, es a la poca variedad de modelos sociales que idearon. Para mí, prácticamente ninguna (por no decir ninguna) de las utopías mencionadas en el libro impugna realmente la totalidad del sistema. Seguramente mi radicalismo juegue un papel determinante en mi impresión, pero para mí todas ellas, si bien difieren entre sí, son más de lo mismo. No cabe en mi cabeza una transformación social verdadera si no se impugna el sistema entero, incluyendo los fundamentos sobre los que se sostiene.

Si llevamos lo que digo a sus últimas consecuencias, terminamos en una impugnación de tal magnitud, que es inevitable que nos cuestionemos a nosotros mismos de forma integral, puesto que somos hijos de ese mundo que queremos cambiar. Muy poca gente está dispuesta a hacer eso. De ahí que sea más fácil idealizar un mundo nuevo siguiendo los parámetros morales con los que la sociedad nos ha educado. ¿Es posible un mundo sin ficción? Yo creo que sí. Y es ahí donde la utopía no tiene cabida. No se trata de imaginar una sociedad ideal, factible en nuestra mente pero irrealizable en la práctica, sino de crear las bases estructurales materiales para que un mundo nuevo nazca, se desarrolle, y aunque no sea predecible, se dirija indudablemente hacia el bien de la humanidad y su entorno.

Finalmente, en tercer y último lugar, siento esperanza. Siento esperanza al comprobar cómo tanto en el pasado como en el presente hay una gran cantidad de personas que, con total sinceridad, quieren cambiar el mundo. Hay ingredientes de sobra para gestar algo muy grande. Por eso, si alguien consigue dar forma a un proyecto verdaderamente transformador, basado en la ciencia y que aglutine a toda esa gente, tal vez la humanidad pueda superar sus propios límites y pasar a un nuevo nivel de civilización. Algunos nos esforzamos todo lo que podemos para hacerlo posible. Ojalá alguien lo consiga.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s